domingo, 27 de septiembre de 2009

BIOQUÍMICA OTOÑAL. Paisajes con colorantes y conservantes

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El fascinante colorido otoñal resulta tan poético como físico ¡e incluso bioquímico! Árboles y arbustos de hoja caduca, protagonistas indiscutibles de la estación, nos regalan un soberbio espectáculo regido por las modificaciones de sus pigmentos.


La clorofila se retira
El recorte otoñal de los días y, en consecuencia, la menor disponibilidad de luz y temperatura, inducen el cese de producción de clorofila en las especies de hoja caediza. La clorofila (literalmente: verde y hoja) es un prodigioso pigmento, esencial para la fotosíntesis y la vida en la Tierra.


A medida que el otoño avanza las especies caducifolias retiran también los nutrientes de sus hojas reutilizándolos en otros tejidos. Gradualmente se difumina el verdor clorofílico y comienza la gran puesta en escena de los colores otoñales: verdeamarillos, dorados, naranjas, rojos, púrpuras…


¿De dónde salen estos colores? ¿Por qué en otoño?
En realidad, los nuevos colores que nos asombran existían en las hojas desde primavera. No los veíamos antes porque la cantidad de clorofila verde era muy superior. Así pues, las hojas contienen, además de nutrientes y clorofila: pigmentos secundarios como el caroteno y la xantofila cuyas propiedades antioxidantes preservan los tejidos vegetales expuestos al sol.

Sobrepasando ciertas dosis, la radiación ultravioleta solar resulta perniciosa para las plantas: envejece los tejidos, genera mutaciones y degrada la clorofila. Gracias a esos otros pigmentos las hojas se conservan lozanas y reponen su clorofila…hasta llegar la otoñada.


Durante el otoño queda algo de clorofila en las hojas, aunque cada vez menos. Los pigmentos secundarios traspasan a la clorofila la energía solar que ellos mismos absorben, contribuyen así a que las hojas apuren las últimas jornadas de fotosíntesis.

Por último, son otros pigmentos -las antocianinas- los causantes de esos increíbles colores rojo vivo y púrpura. Estos pigmentos aparecen adentrado ya el otoño y bajo determinadas circunstancias: azúcares retenidos en las hojas + jornadas soleadas que degraden la última clorofila + ambiente seco con noches frescas.


Existen sospechas de que las antocianinas ayudan a los árboles y arbustos caducifolios a prolongar la duración del follaje, lo que otorga tiempo a la planta para retirar los nutrientes de sus hojas antes de que caigan.

En otoño los pigmentos protegen a las hojas de la radiación solar, y también del frío al reducir su punto de congelación.



COLORES, COLORANTES Y ANTIOXIDANTES

Amarillos, dorados y anaranjados

Amarillos y naranjas provienen de las xantofilas y los carotenos, pigmentos secundarios que absorben longitudes de onda de luz que la clorofila no absorbe, y actúan como antioxidantes protegiendo los tejidos de una excesiva oxidación (envejecimiento).


Rojos intensos y púrpuras

Rojos y púrpuras provienen de las antocianinas, pigmentos muy antioxidantes. El intenso rojo de las hojas de los arces, por ejemplo, se debe a antocianinas elaboradas en otoño con los últimos azúcares atrapados en el interior de la hoja. Bien mirado, la bandera de Canadá, con su hoja roja de arce, es todo un homenaje a la antocianina.

 


Marrones claros, pardos, herrumbrosos

Marrones claros, pardos o herrumbrosos provienen de los taninos, sustancias astringentes, colorantes y antioxidantes, comunes en muchos tejidos vegetales. Se manifiestan poco antes de la caída de la hoja.



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24 comentarios:

Jesús Dorda dijo...

Hola Javier:
Entraba para trabajar en mi blog pero no lo he podido evitar, me he dejado seducir por esta preciosa y otoñal entrada. Por lo que te conozco y veo, has puesto un especial cariño en ella, como el otoño se merece.
Me ha venido a la memoria también la caida de las hojas en la segunda mitad de verano cuando es caluroso y seco, el debido al stress hídrico. Aunque a veces sí amarillean algo las hojas, con frecuencia se resecan y caen aún verdes. Se ve que no tienen tiempo de realizar el proceso otoñal. Es muy patente en los plátanos de las calles.

Fcº Javier Barbadillo Salgado dijo...

Hola Jesús, tienes toda la razón: pongo especial cariño en esto del otoño, una estación para sentarse a ver y a esperar. Lástima que a veces lo que les espera a las hojas sea una caída prematura, como la que comentas. Los tórridos y resecos veranos no perdonan y nos roban toda esa belleza otoñal.

Esperemos (deseamos) que llegue pronto el agua, y los días y las noches frescas. ¡Que se nos arregle este otoño!

Un abrazo para ti (y espero con ansia tu nueva entrada).

Neli dijo...

Un placer pasear por esta alfombra de colores que comienza con el otoño.

Es mi estación favorita, es la época de reposar y calmarse, de meditar y disfrutar de la tranquilidad. De recrearse la vista con estos paisajes tan hermosos y sus tonos anaranjados, amarillos, rojizos, las hojas caidas.... De dejarse llevar por la calidez de todo lo que nos rodea. Y es que aunque las temperaturas bajen, el ambiente se vuelve más cálido y de recogimiento.

Como siempre, una entrada muy instructiva, Javier. Además lo explicas con tanto lujo de detalle que a una no le quedan dudas!! :-)

Gracias.
Un beso.

Fcº Javier Barbadillo Salgado dijo...

De verdad, el otoño es una delicia. Los colores son sinfonía plena en los bosques caducifolios...Pero, Neli ¿no vives en Canarias? Me temo que allí es lo único que os falta ¡que ya bastante afortunados en paisajes sois!

Muchas gracias por venir de paseo este otoño hasta El Último Rincón.

Otro beso.

El Naturalista dijo...

Otro gran reportaje de El Último Rincón, esto de los caleidoscopios otoñales sí que se echa un poco de menos por mi zona tan mediterránea. ¿Crees que esta bioquímica también actúa en plantas cuyas hojas son rojas siempre, como algunas acederas? Es curioso pensar, además, en lo relativamente recientes que son estos mosaicos de color en la biosfera. Hasta que no comenzó a enfriarse el clima, al abrirse el pasaje de Drake hace unos 35 millones de años, al parecer no evolucionaron los caducifolios. Es increíble cómo las casualidades de la deriva continental desencadenaron, millones de años después, los otoños más hermosos... Saludos.

Mamen dijo...

Qué bonita entrada. A mí siempre me ha producido cierta tristeza el Otoño y es que me gusta mucho más la primavera tan explosiva en todo. El verano también, pero por motivos laborales y vacacionales.

Ahhh bueno ¡¡pero cómo he esperado el Otoño a veces para visitar los hayedos!! Es verdad. Todo tiene su encanto.

Un beso!

Lluís Sogorb dijo...

Ya sabes de mi debilidad por el otoño, de ahí que esta entrada ha sido toda una delicia para mis sentidos. He saboreado tus palabras y tus fotografías.
Un abrazo

Javier 16 dijo...

Una grandilocuente entrada, Javier. Es la trastienda del otoño, lo que no vemos los mortales desde el escaparate del bosque. El haz y el envés, como las dos caras de las hojas.
Qué cómodo y privilegiado resulta tenerte en esta esfera de comunicación como relator de temas tan escogidos e ignorados, si no es, por tu selección oportuna.
Es otra manera más, de ver la intensa transición del bosque caducifolio hacia el descanso invernal.
Saludos.

Ramuol dijo...

Muy interesante lo que cuentas de los pigmentos otoñales que tiñen nuestros montes por estas fechas!
Para mi también es una de de las estaciones favoritas, son espectaculares los paisajes por estas fechas...

Saludos

Fcº Javier Barbadillo Salgado dijo...

Naturalista, muy cierto eso de que el colorido otoñal se echa de menos en el monte mediterráneo, al fin y al cabo: es herencia tropical de la selva lauroide (no poca cosa, mire usted). Aunque haberlos, colores los hay, sin llegar a competir con la espectacularidad del otoño caducifolio en ambientes más o menos húmedos. En cuanto a las acederas rojas, las que conozco adquieren ese color temporalmente cuando llegan los fríos, si bien los frutos enrojecen mucho antes al madurar. En relación a plantas siempre rojas, se trata de pigmentaciones protectoras frente a excesos de radiación solar. Otro tanto sucede con el color glauco (verde-azulado). Y, en efecto, la actual belleza otoñal está relacionada con la deriva continental y los consiguientes cambios climáticos. Todo es cambio, movimiento y relación, en nuestro planeta.

Más saludos para ti, Naturalista.


Hola Mamen, me alegra saber que te ha gustado esta entrada, aunque prefieras la primavera. La cosa va en gustos, o en caracteres, o incluso en estados de ánimo que cambian a lo largo de nuestras vidas…¡a saber! Y, claro que sí, el otoño está lleno de encanto, de color, frutos, setas…Vida. ¡Y esa bendita humedad que nos resucita del reseco estío!

Otro beso para ti, Mamen.


Muchas gracias Lluís por tu visita y palabras. Creo que somos muchos los que sentimos una debilidad especial por esta estación, sobre todo quienes hemos tenido la suerte de vivirla en lugares privilegiados por la riqueza de sus bosques y matorrales mixtos. Sinfonía de colores, armonía de matices…¡Qué le voy a contar a un artista!

Otro abrazo, Lluís.


Muchísimas gracias, Javier 16, por tu muy elogioso comentario. Me has sacado más colores de los que el otoño saca a ningún vegetal. Vamos, más que sonrojarme me has dado un subidón de antocianinas. ¡Me he puesto más rojo que un arce del Canadá!
Me alegra muchísimo que podamos compartir –aunque sea asomados al monitor del ordenador- esos tesoros que la Vida en la Tierra nos regala.

Afectuosos saludos para ti, Javier.

Fcº Javier Barbadillo Salgado dijo...

Hola Ramuol, bienvenido a El Último Rincón y muchas gracias por darte de alta como seguidor.

Los paisajes otoñales son uno de los alicientes que dan color a esta vida. Entre ellos, siempre tengo presentes las magníficas choperas doradas en el fondo de los cañones fluviales del interior peninsular.

Saludos para ti, Ramuol.

Juanmi Requena dijo...

Para un almeriense esos paisajes otoñales son más bien escasos, las veces que he tenido la suerte de disfrutarlos por otras latitudes me han impresionado. Buena clase de fisiología. Saludos.

Fcº Javier Barbadillo Salgado dijo...

Bueno, Juanmi, no tendréis esos paisajes otoñales pero disponéis de algunos de los paisajes más singulares y prodigiosos de Europa...y con una ecología que da mucho de sí.

Gracias por comentar y saludos también para ti.

Montse Viver dijo...

La bioquímica de las plantas, eso si que es ahorro energético i ecologia al natural!
Me ha gustado mucho conocer los detalles de esta metamorfosis otoñal, tan bien descritos y claramente expuestos como siempre.
Gracias por tu amabilidad en mostrar esas maravillas y sus secretos.

Un abrazo.

Fcº Javier Barbadillo Salgado dijo...

Gracias a ti, Montse, por asomarte a este rincón otoñal. Siempre es un placer compartir las maravillas que descubrimos con aquellos que saben apreciarlas.

Otro abrazo, querida Montse.

victoria dijo...

Mi querido Javier,debo darte las gracias por este blog,amo la Naturaleza,lo que nos van dejando..estas vistas con sus tonos rojos,ocres ect son como lienzos ,es un lujo,ayer estuve en un parque de Madrid que tengo que poner fotos y no me cansaba de admirarla,de echo recoji,piñas y hojas para mis trabajos de artesania ya que ella nos regalamuchas cosas,gracias amigo por compartir tan bello blog--Con cariño Victoria

Fcº Javier Barbadillo Salgado dijo...

Hola Victoria, agradezco mucho tu comentario y tu alta como seguidora.

Tienes razón, la Naturaleza nos hace muchos regalos...si sabemos encontrarlos. Cada una de sus manifestaciones es un latido del Cosmos, un destello de la Vida.

Cariñosos saludos, para ti.

ana dijo...

El otoño como sinfonía, es una percepción muy atractiva,y con tus colores nos has dejado una estupenda sinfonía para la mirada.

Es cierto, los colores del otoño y su luz, tienen serenidad, madurez, consistencia. Aun así, el otoño, no deja de terner cierta resonancia de inicio de algo que camina a su fin. Es como si comenzase a latir la tristeza sobre la faz de la tierra, que perdurará profunda durante el invierno hasta que vuelvan a oírse melodías de luz ,allá, en la primavera.

Se renace. Pero para renacer, siempre es preciso morir. Y el otoño... es un poco ese inicio. Menos mal que esos colores nos rescatan son su sonido...

Saludos. Es la primera vez que entro en tu blog, y es un blog muy cuidado. Enhorabuena.

Fcº Javier Barbadillo Salgado dijo...

Hola, Ana, bienvenida y gracias por tu comentario.

Entiendo que percibas en el otoño un deje de tristeza, a pesar de su magnífico colorido. Es un sentimiento muy compartido, aunque no tengo claro si es una reacción casi biológica a los cambios que en él percibimos o todo se debe a un modelo cultural que hemos heredado. Desconozco si en otros ámbitos culturales lo ven como aquí, con esa melancolía asociada a lo que se apaga, declina y se pierde.

También lo sentía yo así, hace mucho tiempo. Pero, además de su mágica belleza, hallé que esta estación no es preludio de muerte sino simple sueño. El sueño de los colores…y el propio del reposo. Porque numerosas especies inician ahora un descanso, un aplazamiento vital para –precisamente- no morir. Visto así: otoño es soñar para vivir.

Saludos para ti, Ana.

ana dijo...

Soñar para vivir.

La naturaleza es inteligente. Sí.

Gracias.

Joselez dijo...

Qué decirte, Javier, que no te hayan dicho ya... eres un virtuoso, como han dicho ya por aquí. Presentar esta mezcla de colores, olores, sensaciones, hojas y bosques es un buen regalo para todo al que le entusiasma el otoño, como a mí. Debe ser porque nací en él, no lo sé. El caso es que, siendo tan secos como Almería en algunos terrenos, los murcianicos también tenemos unos otoños muy bonitos, pero yo diría más bien por la luz, que se vuelve africana, y el olor, la humedad tan escasa el resto del año, y las sensaciones. De todas formas, nada como un hayedo, un robledal, un bosque caducifolio, aceral, etc. En Norteamérica debe ser una pasada. Aún así, ahora que recuerdo, aunque los arces me resultan un poco lejanos (me tendría que ir a sierras interiores, yo estoy en la costa) sí tenemos cornicabras y serbales en alguna sierra, que son rojos rojos.

Bueno, después de este rollo tan gratuito que he soltado, sólo quería felicitarte, tu blog se me hace imprescindible, con estas entradas tan elaboradas e interesantes.

Sigue así, compañero! Más saludos naturalistas

Fcº Javier Barbadillo Salgado dijo...

Gracias a ti, Ana. Más que inteligente, para mi la Naturaleza es siempre...la mejor de las posibilidades (de la Vida, de la evolución, de todos los procesos materiales y energéticos).

Querido Josélez: ¡Tas pasao!. Tus cumplidos me halagan...y a la vez me preocupan ¿seré capaz de seguir manteniendo el interés de todos vosotros dentro de un tiempo? Ya veremos. Espero (intentaré) lograrlo. No vaya a ser que acabe contando siempre las mismas batallitas. Y eso que las actuales se me antojan algo espesitas y largas.

Bueno, el caso es que, efectivamente, el otoño además de colores nos trae una luz especial (por el cambio de ángulo de los rayos solares y la mayor claridad de la atmósfera a causa de la bajada de temperaturas) y una agradable sensación de humedad en el ámbito mediterráneo. En nuestros montes mediterráneos hay menos colorido, pero no nos falta ninguno de los matices gracias a especies como la cornicabra, el arce de Montpellier, los agracejos, los chopos...

En esta ocasión he querido comenzar (y voy a continuar en próximas entradas) con lo más lucido, que a mi juicio es el otoño en los bosques caducifolios, y muy especialmente en los bosques mixtos que suman a las leñosas de hoja caduca otras de hoja perenne.

Saludos naturalistas también para ti (...y ya me dirás si no acabas hartándote de tanto otoño como voy a sacar a la luz).

Máster en Nubes dijo...

Ay, Javier, lo que se aprende en este blog, no tenía ni idea del proceso detrás de ese de cambio de color, me ha encantado y ¡lo he entendido!

Fcº Javier Barbadillo Salgado dijo...

Me alegro, Aurora, de que te haya gustado esta entrada otoñal, que es una invitación a ver y disfrutar más y mejor -con mayor conocimiento de causa- el otoño.

Y muchas gracias por declararte seguidora de El Último Rincón. Confío en que sigas aquí mucho tiempo.