lunes, 6 de septiembre de 2010

TRADUCIENDO PAISAJES: Oulettes du Vignemale

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En julio de 2010 me acerqué a la mítica montaña de Vignemale, por su vertiente Norte, con los amigos del grupo montañero Andecha. En los Altos Pirineos franceses realizamos la aproximación por el Valle de Gaube, nombre que en gascón significa lago. De hecho, el valle contiene un hermoso lago cuyo reiterativo nombre es Lac de Gaube (lago del lago).

Al fondo a la derecha macizo de Vignemale, desde el Lac de Gaube.
Vallée de Gaube. Pirineos (Francia)


A más de 2.150 m de altitud, los llanos de Oulettes du Vignemale nos abren una espectacular visión del macizo de Vignemale, desde el Petit Vignemale y su glaciar hasta el Pique Longue con su respectivo Glacier des Oulettes.

Macizo de Vignemale y Oulettes du Vignemale. A la izquierda el pico Petit Vignemale (3.022 m) con su glaciar. Al centro, en lo más alto, el Pique Longue (3.298 m) con el corredor del couloir de Gaube y su respectivo Glacier des Oulettes.


Al reclamo del glaciar de Oulettes subimos por lo más alto de una morrena (depósito de tierra y piedras que arrastró el glaciar). Es un buen lugar para observarlo, aunque la nieve cubre aún parte del paisaje.


Lo primero que vemos es una distancia apreciable entre las mayores morrenas y el hielo glaciar, lo que indica un considerable retroceso. Hubo aquí un solo y más importante glaciar alimentado profusamente desde circos que hoy quedan aislados. Sucedió durante la Pequeña Edad del Hielo, período de enfriamiento global comprendido entre el s.XIV y mediados del s.XIX.

Glaciar de Oulettes. (A) Frente glaciar en la Pequeña Edad del Hielo (s.XVIII). (B) Frente del glaciar, año 2010. (C) Morrena lateral de la Pequeña Edad del Hielo. (D) Morrena por la que accedemos al glaciar.


Centrando la mirada en el cuerpo del actual glaciar de Oulettes advertimos una pérdida importante en su zona de seracs (hielo agrietado en bloques), pues algunos tramos dejan al descubierto la pendiente rocosa sobre la que se deslizó. Fijándonos bien localizamos restos del hielo desprendido.


En la roca recién liberada distinguimos con nitidez la abrasión que le causó el glaciar: líneas y ralladuras talladas por la fricción de fragmentos rocosos transportados entre el hielo. Un arrastre chirriante sobre la piel de la montaña. Este roquedo calizo y grisáceo, pulido, ondulado, arañado y fisurado, se asemeja al hielo…como si el espectro del glaciar se hubiera petrificado.

Líneas de abrasión del Glacier des Oulettes sobre la roca.


Hielo sucio del Glacier des Oulettes.


Al pie del escalón de seracs asoma entre la nieve del año un túmulo de piedras. Sepultura glaciar. Agonía de hielo soterrada en los despojos de la montaña.


Allá abajo, entre más piedras y tierra, exhaló su aliento frío la lengua del glaciar. El trance agónico principió un día a finales del siglo XVIII. Entonces la longitud del glaciar era menor de 2 kilómetros. Para 1927 el frente había perdido medio kilómetro de recorrido. Y en la actualidad su largo apenas alcanza 500 m. En el s. XX conoció ligeros episodios de recuperación, el último en los años setenta. En lo que va del siglo XXI sólo se ha mantenido sin retroceder alguna temporada, dentro de un balance general de pérdidas.      

Morrenas del Glacier des Oulettes.


Descendemos por la morrena, de espaldas al Vignemale. Al poco atravesamos un paraje obstaculizado por bloques rocosos, muchos de ellos miden varios metros de alto y ancho. Son rocas metamórficas, esquistos calcáreos de tono rojizo por su contenido en hierro. Muy diferentes de cuanto hay a su alrededor, en realidad son fragmentos de un roquedo instalado en la zona cimera del Vignemale, a más de 800 m de altura sobre nuestras cabezas.

Bloques erráticos del Glacier des Oulettes.


Bloques erráticos, descomunales y algo redondeados. Dan testimonio del máximo esplendor alcanzado por el frente glaciar durante la Pequeña Edad del Hielo. El vigoroso glaciar los arrastró mientras gozó del favor del clima. Cuando el cuerpo helado se debilitó aquellas rocas dejaron de moverse. Quedaron abandonadas en un lugar que no es el suyo.


Algo más allá de los grandes bloques erráticos se extiende la amplia plataforma llamada Oulettes du Vignemale. Oulettes es diminutivo del occitano oule (olla) y puede traducirse por ollitas. Parece ser  que denomina a los meandros o recurvas de los torrentes que ahondan concavidades, pozas, similares a bañeras. Algo así puede verse, valle abajo, en las Petites Oulettes (nombradas Oulettes de Gaube en un mapa de 1914). En aquel enclave, además,  abundan pozas formadas en suelo de turba y que encierran el agua a la manera de marmitas o de bañeras.        

Sin embargo, aquí arriba, en Oulettes du Vignemale  sólo serpentean arroyuelos de escasa profundidad siendo un 5 de julio, pleno deshielo en un año de generosas nevadas. No encontramos las supuestas pozas u oulettes…¿Se las han llevado?

Glacier des Oulettes, morrenas y superficie cubierta de cantos.


¿Y cómo llegó hasta aquí tanto cascajo? Porque gran parte de la llanura de Oulettes du Vignemale está cubierta por un enorme manto de cantos rodados...¡Tarea imposible para los actuales arroyitos!


Arroyo, suelo de turbera y cascajo.


Caminando por la llanura de Oulettes du Vignemale intento explicarme el misterio. Cruzo un arroyo y en su orilla encuentro...una posible respuesta: las aguas erosionan bajo la cascajera un depósito de turba. Admisible indicio del paisaje que diera nombre a Oulettes du Vignemale: un llano abundante en cursos de agua con meandros y pozas entre turberas, como el existente valle abajo. Así debió ser, al menos hasta finales del siglo XVIII.

Morrenas del Glacier des Oulettes.


Superado el cénit de la Pequeña Edad del Hielo el glaciar se retiró dejando voluminosas morrenas de tierra y piedras. El hielo transmutó en aguas impetuosas arrastrando toneladas de cascajo glaciar a la llanura. Consecuentemente, los arroyos sinuosos y las pozas de Oulettes du Vignemale serían lapidados.


Hoy, donde no es excesiva la capa de cascajo, verdean porciones de pradera colonizando las piedras, gracias a la humedad subyacente de una turbera oculta y un glaciar exhausto.

A las palabras se las lleva el viento. Y a los paisajes, el tiempo. Sea como fuere, el nombre de Oulettes permanece a los pies del Vignemale.

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14 comentarios:

Drach dijo...

Para mi es difícil entender el lenguaje de los paisajes, aparentemente estáticos y sin embargo como magnificamente describes, llenos de dinamismo. Hasta lo que yo hubiese considerado tan extremadamente solido parece moverse con tus palabras, me encantó la forma y el lugar que describes y con esas referencias a la bella lengua occitana que permanece todavia en esos lugares aunque sea en toponimos reiterativos. Gracias¡ ya me pareció un blog que valia la pena y tenia ganas de mas. Saludos y enhorabuena¡

Montse dijo...

Me maravilla como expones el recorrido, la historia y las explicaciones de forma que sea comprensible.
Haces que parezca que te haya acompañado en ese viaje, haces sentir la voz de las piedras y hasta me parece que el glaciar nos quiere contar su historia a través de tus palabras.
Un paisaje, ya hermoso por sí mismo, aún lo es más si puede interpretarse. ¡es un lujo leerte!

Un abrazo.

Fernando J. Feliu dijo...

Gracias por compartir estas imágenes tan maravillosas. Es muy curioso analizar cómo un glaciar nos aporta tantos datos de la historia geológica de un lugar. Espero poder visitar algún día Vignemale. "Todo fluye"

Un saludo.

Ars Natura dijo...

Vaya buen despieze que has hecho de lo que fue y de lo que queda del glaciar.
Esta frase me ha encantado:
"A las palabras se las lleva el viento. Y a los paisajes, el tiempo."

Jesús Dorda dijo...

Siempre me ha llamado la atención las transformaciones que hacen los glaciares en su entorno. Y con tu relato me parece escuchar el lento chirrido de las rocas frotando el fondo del valle.
A pesar de tanto hielo, no se puede decir que nos hayas dejado fríos.

Javier 16 dijo...

Entonces, si he comprendido bien; el proceso de gelifracción de Vignemale o de cualquier otro, es le que revienta los grandes bloques de roca, y el movimiento del glaciar quien los redondea. Pues resulta fascinante que las propias piedras del glaciar, como las hermanas pequeñas que son los canchales, tengan gracias al movimiento, esa vida que todo ser inerte merece. Claro, siempre que no la tengan cuando uno camina debajo de un cortado.
Como siempre Javier, es un placer leerte.

Un abrazo.

Neli dijo...

Me encanta venir hasta aquí porque es la alternativa para quienes no podemos viajar tanto como quisiéramos, para los que no nos conformamos con un viaje al año, los que nos gusta aprender "in situ", empapándonos de lo que nos rodea y mimetizándonos con el paisaje.
Paseando por entradas como estas, se suple esa ausencia.
Gracias Javier, muy instructivo todo y las fotos preciosas.

Un abrazo.

Mabel G. dijo...

Hola de nuevo Fco. Javier, ayer te dejé un mensaje y tal vez no lo hayas recibido.
Te decía que ya se te echaba de menos y que tu post y fotos son maravillosos. Qué bien te debes de haber sentido caminando por esos paisajes desolados e intrigantes, misteriosos y llenos de siglos.
Gracias por mostrarnos lo que has visto, es un regalo para la vista y para los que sentimos tanto amor por la Naturaleza.
Un saludo afectuoso !

Santa dijo...

Excelente clase de Glaciares y su evolución ( forzada por el hombre..)

Tengo que mandarte las fotos del Glaciar del Jungfrau que hice este agosto.

Un abrazo

Bibiano Montes dijo...

Dicen que un paisaje no solamente se compone de los elementos que observamos en la instantánea. También de la relación entre ellos y su historia,aspectos que sin duda tu también nos has dado ha conocer, con esos magníficos comentarios.

Yo, este verano me he tenido que conformar con el "sucedáneo" de Sierra Nevada.

Un abrazo,

Ofelia dijo...

Una traducción magnífica del lenguaje de los glaciares. Me gusta cómo lo cuentas.
Un abrazo*

Fcº Javier Barbadillo Salgado dijo...

Hola Drach: efectivamente, hasta el más sólido de los paisajes es cambiante, tan sólo es una cuestión de escalas de tiempo. En este caso lo curioso es que permanecen los topónimos occitanos...más que los paisajes que nombraron.
Gracias por tu comentario. Saludos para ti.

Montse, me alegra mucho que hayas podido sentir la voz de las piedras y el hielo a través de mis palabras. Ser portavoz de estas emociones y conocimientos es mi mayor compensación.
Gracias, y recibe otro abrazo.

Seguro que lo visitas, Fernando...aunque ningún año es igual a otro, pues estos pequeños glaciares pirenaicos son ya extremadamente sensibles a los cambios anuales.
Gracias a ti por tu visita. Otro saludo.

Sí, Ars, he tratado de analizar el comportamiento de este pequeño y hermoso glaciar, sometido a esa certeza inexorable de que el tiempo lo cambia todo (o de que todo cambia con el tiempo).
Gracias por tu comentario. Un saludo.

Bien sabes, Jesús, que intento mantener la frialdad de un analista de paisajes...y que eso es imposible ante tanta belleza y emoción. Por eso me siento afortunado de que hayas escuchado en mi relato ese chirrido quejumbroso, el reptar del glaciar sobre la roca...un movimiento modelador de los paisajes en la alta montaña.

Así es, Javier. Generalmente es el hielo de las fisuras rocosas el que fractura la montaña...y si esos fragmentos caen dentro del alcance de un glaciar, este los transporta y redondea, como haría un torrente aunque de modo más lento y con menor redondeo. La dimensión de los bloques arrastrados y abandonados (bloques erráticos) y su lejanía del punto en que cayeron originariamente sobre el glaciar dan idea del vigor que tuvo.
El movimiento y el cambio están muy asociados al fenómeno de la Vida, y aunque no pueda afirmarse que las rocas y glaciares son seres vivos, a veces lo parecen en sus transformaciones y traslados.
Gracias por tus comentarios y, naturalmente, recibe mi otro abrazo.

Siempre eres bienvenida, Neli. Viajar es un ejercicio físico, emocional e intelectual. Pero la calidad del viaje no está tanto en la magnitud del desplazamiento como en esa intensidad que nos aporta. A veces un gran viaje se vive a la vuelta de la esquina...claro, que este mundo tiene muchas esquinas.
Otro abrazo para ti y tus palabras.

Pues, no lo recibí, Mabel. Gracias por tus amables palabras.
Tienes toda la razón, en lugares como el que describo me siento absolutamente fascinado, impregnado del misterio, la fuerza y la belleza de la montaña. Son lugares llenos de preguntas para los naturalistas...y eso nos ayuda a vivir mucho mejor.
Te envío otro saludo lleno de afecto.

¡Cuánto tiempo, Santa!. Estuve en la zona del Jungfrau hace casi 20 años y tuve allí mi primer contacto con los grandes glaciares pues hasta entonces sólo conocía los del Pirineo. Me encantaría poder ver esas fotos que hiciste recientemente. Si quieres mandármelas lo puedes hacer al mismo correo del blog: frasesfrescas@gmailcom
Gracias. Otro abrazo para ti.

Claro que sí, Bibiano. Los paisajes son mucho más que una mera estampa, componen un sistema geo-bio-físico enriquecido por componentes ecológicos, históricos y psicológicos. Por eso su destrucción comporta pérdidas inestimables e irreparables.
Y, de "conformarse" con Sierra Nevada...nada de nada, que es nuestro techo peninsular y una joya única de la alta montaña mediterránea.
Otro abrazo para ti y tus tierras y sierras.

Verás, Ofelia, en esta ocasión he utilizado la palabra "traducción" en el doble sentido de interpretación del paisaje y transcripción de sus topónimos. Al fin y al cabo, nuestra especie es capaz de poner palabras y nombres a los paisajes. Y un servidor, en pocas palabras, intenta compartirlos a través del lenguaje.
Gracias por la visita. Recibe otro abrazo.

Lluís Sogorb dijo...

Un paseo perfectamente desmenuzado en palabras e imágenes. Un rincón lleno de belleza.
Saludos
Lluís

Fcº Javier Barbadillo Salgado dijo...

Muchas gracias, Lluís.
Mis saludos para ti.