jueves, 7 de octubre de 2010

APUNTES DEL HIMALAYA. Paisaje urbano de Katmandú

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Katmandú es una ciudad sórdida y asombrosa.
Junto a las basuras, sobre charcos de agua pestilente, se alzan templos viejos, hinduistas y budistas, con tejado de tejas y balaustradas corridas. Cualquier tramo de cualquier calle incluye templos de todos los tamaños, también rejillas desmesuradas de antenas parabólicas.


Hay palacios decadentes, puertas y ventanales esculpidos con virtuosismo. Las fachadas de las casas antiguas son de ladrillo y madera rematados en aleros grandes. Están en ruinas, el musgo habita la base de los muros, la humedad ennegrece los ladrillos y una pátina de siglos oscurece la madera. Las dimensiones de las tres plantas tradicionales, de sus puertas y ventanas, corresponden a la altura de sus moradores, menor que la nuestra.



Miro hacia arriba fascinado por los mil detalles tallados en la madera de ventanas, balconadas y paredes. Algunos trabajos son fastuosos, verdadero lujo oriental en bajorrelieves de motivos geométricos infinitos y en altorrelieves que alojan deidades y figuras simbólicas.



A veces borro de mi vista el cableado eléctrico que enmaraña todo y sirve de posadero a los cuervos.
 

No hay cristales en las ventanas abiertas o medio cubiertas con cortinas pequeñas. Tampoco existen aceras en las calles o son exiguas salvo cerca del Palacio Real. El firme, a menudo sin asfaltar, es arenoso y gris.
 


Multitud de carteles anuncian establecimientos y hoteles en los trayectos más transitados. Me llama la atención el colorido de las tiendas de camisetas bordadas. Los atavíos de los ciudadanos son variopintos sin faltar vestidos tipo sari y otros de usanza occidental. Se mezcla el bullicio de la muchedumbre, los animales –sobre todo vacas–, los timbres de bicicletas y carricoches, los pitidos de motos, motocarros y algunos automóviles. En medio de ellos tengo la sensación de ser un estorbo.



Por una calleja llegamos a una plazuela con una estupa pequeña, blanca y algo deslavada, rodeada por molinillos de oración. Es un monumento en forma de campana que contiene reliquias budistas. Le han plantado unas farolas de alumbrado público que no parecen interferir con su carácter sagrado, tampoco los vendedores que a sus pies extienden frutas, verduras y especias. Encima del conjunto se elevan las banderas de oración. El recinto se cierra entre casas contemporáneas con azotea, paredes de ladrillo naranja y toques azules, blanco, verde turquesa...


De cuando en cuando una puerta bellísima es salpicada de rojo sangriento. Esta pintura anuncia el Dasai, festival hinduista en honor de la diosa Durga que es celebrado en Nepal durante diez días desde la luna nueva de septiembre. En las calles abundan las ofrendas de alimentos, irremediablemente se convierten en desperdicios que añadir a las bolsas de basura tiradas por los rincones.


Al fondo de un corredor oscuro se recluye la luz de un patio con templitos y ofrendas de comida. Sale de casa una madre con su hijo a cuestas. A cierta distancia restauran un templo enjaulado en un andamiaje de bambú.



En la estupa de otra plaza recoleta hay farolillos sobre los ojos de Buda y cometas pobres hechas con retales de plástico. Niños y adultos las ondean con maestría, sin viento aparente, desde el suelo y desde las azoteas. Comer, beber, suspender en el aire la alegría de las cometas...es el modo de celebrar el Dasai.


Algunas poblaciones del valle de Katmandú fueron ciudades independientes y conservan su plaza real o Durbar Square. En las cercanías de la Durbar Square de Katmandú, además de templos, persisten tiendas y tenderetes ajenos al turismo. Establecimientos de comestibles, ferreterías, cacharrerías, incluso puestos ambulantes sobre bicicletas. Entre las frutas para comprar abundan en otoño las manzanas.



Ya en el interior de la Durbar Square se ubican los templos sobre pavimento de losas. La plaza es una superficie espaciosa plagada de gente, si bien más limpia que las calles y más agradable de pasear. Sus palacios exhiben labores magníficas en madera y las ventanas se cierran con celosías dignas de admiración. Una de ellas representa la cola de un pavo real.




En el Palacio de la Diosa Viviente habita Kumari, niña y oráculo a quien se identifica con la diosa Kali y que es sustituida cuando deja de ser niña.


La casa contiene un patio precioso próximo a una plaza grande, luminosa, con más puestos callejeros y vendedores de a pié que insisten sin agobiar. Mercadean figuras, flautas, puñales y baratijas. Santones fotogénicos se pasean entre los turistas vistiendo de modo llamativo con pelo largo y barbas. Dedicados supuestamente a la vida espiritual y prestos a posar ante las cámaras por unas rupias.


Turistas y no turistas suben los grandes escalones de las pagodas para disfrutar mejor la visión de Durbar Square. Estas pagodas acogen plenamente la vida civil bajo varios pisos de tejados de teja. En ellas se hermanan ladrillos rojos y maderas de tono castaño oscuro. Los palacios y templos hinduistas –torres llamadas shikara– están encalados y reflejan una luz cegadora.


Sobre el suelo de una plaza yace un hombre con los zapatos quitados, la gente lo rodea y mira con tranquilidad. Tiene las pupilas muy dilatadas, el hombre lleva varias horas muerto…


Textos extraídos del cuaderno de viaje del autor
(Nepal, 30 de septiembre-20 de octubre de 1998)

Nota:

El patrimonio del paisaje urbano de Katmandú es tan sólo lo que no se llevaron las invasiones, los terremotos, el expolio y los saqueos (incluidos los de Occidente).

En 1979 la Unesco declaró Patrimonio de la Humanidad al conjunto monumental del Valle de Katmandú, que integra algunas áreas de la ciudad de Katmandú.

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18 comentarios:

trotalomas dijo...

Tus cuadernos de viaje deberían ser de obligada lectura, amigo, jejeje. Me ha encantado cómo nos has mostrado en una entrada tantísimos pequeños detalles, fiel reflejo de la capacidad observadora (naturalista ;)) de quien los documenta. Incluso las fotografías tienen ese "sabor" que no pueden dar las nuevas cámaras digitales.¿Son escaneadas?

Un abrazo.

Mabel G. dijo...

Eres un relator de primera categoría ya que me has hecho vivir en las fotos que sacaste la realidad de cada una de ellas.
Los trabajos en madera son para mirarlos sin cansarse, por ejemplo ese que representa al pavo real... lástima que se perderán con el tiempo y la falta de mantenimiento.
La pobre gente de todas partes del mundo, sufriendo de la misma forma aunque hablen lenguas distintas y respiren distintos vientos.
.....Gracias Fco. Javier por tan excelente post. Lo he disfrutado intensamente.
Un abrazo.

Miazuldemar dijo...

Me llama la atención esa mezcla de la belleza, con la suciedad y la pobreza. Al menos es lo que yo me imagino. Siempre me han dicho que India y Nepal son países "duros" de visitar. Leyéndote algo se aprecia, pero tiene que atraer tanto ver un país tan diferente al nuestro!!

Preciosas las fotografías, los edificios, los templos...Habrá que apuntárselo en la sección de próximos destinos ;)

Fernando J. Feliu dijo...

Muchas gracias por compartir tus imágenes acompañadas de palabras. La fuerza de las imágenes habla por sí sola, pero la fusión con tus palabras nos hace envolnernos en esa atmósfera tan especial que eres capaz de transmitirnos.


Un saludo.

Javier 16 dijo...

Los edificios artesanales cuando son castigados por el paso del tiempo, aun cuando se van manteniendo a duras penas, tienen ese sabor especial de envejecimiento atrayente, que mantiene a uno expectante mientras confecciona con la mente la historia de sus moradores. Como los viejos caserones solariegos del campo, abandonados a su suerte como representación de un tiempo duro ya concluido, pero que se refleja en el pensamiento.
Lástima que los países humildes, y ricachones, tengan en común la basura desperdigada.

Saludos.

Ofelia dijo...

Siento una extraña indiferencia por la India y Nepal, nunca he sentido deseos de viajar allí, ni siquiera para poder ver el Himalaya. No me lo explico. Pero el reportaje que nos ofreces es muy bueno, he disfrutado mucho de tu visión contenida y equilibrada.
Un abrazo*

Fcº Javier Barbadillo Salgado dijo...

Gracias, Trotalomas, por tus amabilísimas palabras.
Sí, las ciudades están hechas también de infinidad de detalles y es eso lo que percibimos y recordamos de ellas. La suma de esos detalles es lo que les confiere ese sabor...muy personal para cada cual.
En cuanto a las imágenes, efectivamente, son diapositivas escaneadas. Cuando las hice (1998) la fotografía digital aún era futuro. Lamento que mi escáner no dé más de sí...¡es lo que hay! pero creo que aún se percibe la esencia de aquellos instantes.
Otro abrazo para ti.

Me alegro, Mabel, de haberte transmitido algo de aquello.
Los trabajos en madera, tanto en Katmandú, como en otras localidades de su valle, son obras maestras de la talla en madera. ¡Apabullantes! (...y no sólo por lo del pavo).
Parece ser que este patrimonio del Valle de Katmandú ha salido de su peor momento. Esperemos que se consiga mantener lo que queda, que no es poco a pesar de todo. Y que sus gentes lo puedan disfrutar en condiciones.
Gracias y otro abrazo para ti.

Sí, Mamen: belleza, suciedad y pobreza...y muchas sensaciones contradictorias y complementarias. En estos lugares es donde obtenemos una imagen más real de lo que es el mundo en que vivimos (aunque unos pocos privilegiados habitemos su "zona Vip").
Tendemos a creer que los países más poderosos económicamente son los más ricos en todos los aspectos, pero Nepal es una prueba más de que un país muy pobre puede ser muy rico en patrimonio artístico y cultural...por no hablar del "estrictamente" espiritual.
La dureza a que aludes depende de lo que cada uno espere encontrar en estos sitios, de lo claro que tengamos quiénes somos y de dónde venimos. A partir de ahí, estos rincones pueden cambiar nuestro "adónde vamos".

Gracias a ti, Fernando, por acompañarnos en este recorrido por el recuerdo de las calles y gentes de Katmandú. Un paisaje urbano al que no solemos estar habituados.
Otro saludo para ti.

Es muy cierto, Javier. Estos edificios construidos por manos humanas, con pocas herramientas y gran maestría, nos atraen muy especialmente, más aún cuando el tiempo y la Vida los envejece y ennegrece. Siempre nos inducen a imaginar quiénes y cómo fueron sus artífices y sus moradores.
No dejan de ser monumentos a la propia Humanidad, como en este caso acertadamente reconoció Unesco.
Saludos para ti.

Entiendo tu sensación, Ofelia. Mis recorridos por Katmandú fueron parte de mi visita a Nepal, donde acudí a realizar uno de los sueños de mi vida: ver y vivir el Himalaya (bueno, sólo una pequeña parte).
En general, y esto es válido para todo el mundo, donde más miseria se ve es en las ciudades y especialmente en sus extrarradios (que en ocasioones son la mayor parte de las ciudades). En el campo las cosas suelen ser diferentes. En concreto, en las montañas de Nepal la gente que ví vivía pobre pero dignamente...y siempre con una sonrisa para saludarte.
Otro abrazo para ti.

Raúl dijo...

Gracias Javier por darnos a conocer estos lejanos lugares a los que la mayoría de los que te leemos, al menos yo, probablemente nunca lleguemos. Un bonito y descriptivo reportaje!!
Saludos

Fcº Javier Barbadillo Salgado dijo...

Agradezco tu visita y comentario, Raúl...Y, te recuerdo que no se puede decir "de este agua no beberé". Nunca se sabe a dónde nos lleva la vida. A veces a lugares que ni imaginamos.
Mis saludos para ti.

Jesús Dorda dijo...

Impresionante y quizás uno de los lugares que aún se han librado de la homogenización que están sufriendo todas las ciudades del mundo.
Un lugar de contrastes y de encuentros;-)

Pilar dijo...

poco que añadir, fco javier, a tus palabras y a los comentarios anteriores...
un ciudad a la medida de sus habitantes... tan diferentes a nosotros¡¡¡
la legendaria katmandú: otro fantástico último rincón¡¡¡
un abrazo

Fcº Javier Barbadillo Salgado dijo...

Quizá, Jesús, Nepal ha tardado más que otros países en ser englobado en la globalización...a pesar del turismo de montaña que atrajo desde los años 60 del pasado siglo. No obstante, las revueltas y la guerrilla paralizaron ese turismo a comienzos del actual milenio.
De todo el país, Katmandú fue lo más globalizado que encontré...¡y mira cómo era todavía!


Sí, Pilar, diferentes habitantes en las formas y en la mentalidad, en sus costumbres y viviendas. Gente tan remota y exótica...como nosotros para ellos.
Otro abrazo para ti.

Drach dijo...

Bueno,que decir, de nuevo he disfrutado del último rincón que tan vivamente has descrito, es muy interesante siempre conocer los lugares donde la vida sucede entre tantos extremos, gracias.

Fcº Javier Barbadillo Salgado dijo...

Gracias a ti, Drach, por acompañarnos a este paseo por unos cuantos rincones de los muchos que tiene Katmandú.

Neli dijo...

Cuando uno viaja siempre (al menos a mi me ocurre) es capaz de "absorber" miles de detalles que luego se quedan grabados en la retina, en la memoria y nos encanta luego recordarlos. Es la esencia de las cosas, del país, de su gente y su cultura, de su arquitectura, del aire que se respira, del murmullo de sus calles y hasta del olor que te rodea.

Tus letras me han hecho caminar por un lugar nuevo que desconocía, y a través de ellas he vivido en primera persona la visita. Un placer leerte, javier.

Besos.

Fcº Javier Barbadillo Salgado dijo...

Sí, Neli, viajar estimula nuestros sentidos, nuestra percepción y memoria. Por eso los viajes se sienten con intensidad y se recuerdan con nostalgia. Son momentos en que estamos más vivos de lo habitual.
Muchas gracias por acompañarnos en este viaje.
Besos también para ti.

Santa dijo...

Qué envidia sana Javier...!!

Impresionante lo del hombre muerto en mitad de la calle y nadie hace nada...

Los chinos también se han pasado tres pueblos con estas gentes ¿no?

Fcº Javier Barbadillo Salgado dijo...

Hola Santa.
Lo del hombre muerto fue tal cual. No entro ni salgo a juzgar la situación. Tampoco es que pudieran hacer nada por él.
En cuanto a los chinos (al Estado chino) Nepal no ha sido invadido como lo fue Tíbet, pero las guerrillas de ideología maoista se fueron imponiendo en el país hasta derrocar a la monarquía. Desde 2008 Nepal es una República Federal Democrática, en la que gobierna el partido comunista.

Saludos.