martes, 25 de febrero de 2014

ECOLOGÍA de ALUDES en el Pirineo

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Montaña y canales de alud. Pirineo aragonés

En febrero de 1996 pude comprobar por primera vez en mi vida el efecto devastador de los aludes o avalanchas de nieve, en el Valle de Benasque (Pirineo aragonés). Los aludes de aquel invierno fueron los más importantes que se han registrado en la cordillera pirenaica desde 1971-72 hasta hoy.

Aquella oportunidad me movió a preguntarme por sus causas y consecuencias, a seguirlos en el tiempo, a indagar sobre sus efectos en los paisajes y ecología de la alta montaña…
Aludes de ladera. Pirineo aragonés

Aludes de ladera y de canal
Laderas amplias cubiertas total o parcialmente de pastos y corredores abiertos en el sustrato rocoso constituyen los principales escenarios naturales de las avalanchas de nieve. El riesgo de estos enclaves se incrementa cuanto mayor sea la pendiente y mejor orientada para recibir nieve.

Izquierda: claros de pinar abiertos por aludes. Pirineo francés


Los grandes aludes de ladera pueden despejar terrenos boscosos abriendo calveros longitudinales en su recorrido, mientras los aludes de canal transcurren encajados por su lecho. No obstante, en la variada morfología de la montaña es fácil que se combinen laderas y canales en el descenso de un mismo alud.
Centro inferior: gran claro abierto por alud de ladera en 1996. Foto realizada en 2011. Pirineo aragonés


Dinámica ecológica tras un alud de ladera
El mayor alud de ladera que he observado en el Pirineo (Benasque, febrero-1996) se llevó por delante un bosque mixto de caducifolias y coníferas incluyendo portentosos abetos (Abies alba), que fueron mutilados, tronchados o arrastrados hasta el fondo del valle. No obstante, los tocones y raíces del propio bosque evitaron que el suelo fuera arrasado haciendo más factible su recuperación.

Árboles afectados por alud. Pirineo aragonés


Al año siguiente (agosto 1997) la vegetación se recuperó de modo espectacular. Los arbolitos más flexibles, que lograron quedar en pie, brotaron con vigor. Lo mismo sucedió con árboles algo mayores, aunque jóvenes, que tumbó la avalancha. Algunas especies emitieron vástagos nuevos de cepa, mientras otras renacieron de semilla. Un verde nuevo y alegre emergió entre los restos orgánicos de suelo y madera. Otro año más (julio-1998) y algunos retizos de árbol duplicaron su talla, entre todas las leñosas destacaron los pujantes rebrotes de los avellanos (Corylus avellana).

Transcurridos 10 años (octubre-2006) la vegetación arbustiva y arbórea siguió recuperando el lugar con predominio de caducifolias que crecieron muy espesas alzando hasta 2 y 3 m por la entrada de luz en aquel claro forestal de orientación N.O. Los abetos, sin embargo, aún tardarán medio siglo en recuperar parte de su esplendor.

Tronco de abeto (Abies alba) seccionado por un alud. Pirineo aragonés

Fajas y canales de alud en Ordesa. Pirineo Aragonés


La particular dinámica de los canales de alud
En general, los canales de alud son alimentados desde una zona superior más abierta que desprende nieve, ésta pasa veloz por el canal hasta abrirse curso más abajo, en una ladera abierta o en el fondo de valle donde se acumula –a veces portando restos de leñosas, suelo, o piedras- en un cono de deyección. Su aspecto se asemeja al de los torrentes pirenaicos, aunque por estos canales no suele bajar agua en verano.

Canales de alud en verano. Pirineo aragonés

El deslizamiento de nieve por los canales de alud depende de su inclinación, de la cantidad de nieve…y de la vegetación que pueda crecer en el lecho y bordes del canal.


Canales de alud al inicio de primavera. Pirineo aragonés


Detalle de canales de alud entre bosque de pino negro (Pinus uncinata). Pirineo aragonés


Hasta el invierno de 1995-1996 se sucedieron 23 años sin grandes aludes (desde la temporada 1971-72) dando tiempo a que en los canales se pudieran asentar abedules (Betula sp.) y en sus orillas el pino negro (Pinus uncinata). En consecuencia, árboles que afianzan la sujeción de nieve. Pero las abundantes nevadas del inicio de 1996 sobrepasaron la capacidad de carga nival de esos corredores arrastrando vegetación y en ocasiones hasta el incipiente suelo. Por debajo de los canales las avalanchas debieron salir como por un tobogán, muy aceleradas por la pronunciada pendiente, recreciendo la masa de nieve al arrasar y arrastrar consigo la diversa mezcla de frondosas y coníferas que caracteriza los bosques de los altos valles pirenaicos.

A partir de entonces no se ha repetido un lapso tan largo entre grandes aludes. Desde 1996 la descarga de avalanchas importantes ha fluctuado en ciclos más breves (de 6 y de 9 años) insuficientes para que la vegetación leñosa reconquiste los tramos altos de los canales de alud. Al quedar despejados de vegetación la nieve desliza por ellos con más facilidad y frecuencia, con menor volumen y velocidad.

Canales de alud en verano. Pirineo aragonés

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7 comentarios:

Pedro L. Méndez dijo...

Interesante, se ve que cuando los aludes se vuelven más frecuentes en los bosques los árboles no pueden medrar con la suficiente antelación y quedan semiaislados entre dos canales.

Un saludo

Jesús Dorda dijo...

Muy interesante e instructivo. Es una delicia estos resúmenes que nos haces de tantos años de detalladas observaciones y conocimientos.
Un abrazo.

Fcº Javier Barbadillo Salgado dijo...

En efecto, Pedro, esa es una de las dinámicas de los aludes y marca el paisaje durante muchos años...luego dirán que "la Naturaleza no avisa".
Mi saludo para ti.

Gracias, Jesús. Como bien sabes, cuando nos apasiona un asunto se nos pueden pasar los años observándolo (y aprendiendo) sin casi darnos cuenta.
Otro abrazo para ti.

Mabel B. Granata. dijo...

Tu blog es todo un manual, Fco. Javier... tus observaciones tan detalladas, nos enseñan siempre cosas nuevas. Gracias. Un abrazo.

Fcº Javier Barbadillo Salgado dijo...

Gracias a ti por seguir este blog, querida Mabel.
La observación es condición imprescindible para cualquiera que admire algo tan grande y profundo como la Naturaleza misma.
Otro abrazo para ti.

Drach dijo...

Hola Fcº Javier, como siempre, gracias por explicar lo que cuentas. Muy interesante el seguimiento de la recuperación vegetal sobre el camino del alud y sus diferentes avatares. Me ha sobrecogido no se porque la frase "los abetos, sin embargo, aun tardaran medio siglo en recuperar parte de su esplendor",afortunadamente los aludes son un fenómeno natural que no nos podemos atribuir directamente
( o si?). Un abrazo. :)

Fcº Javier Barbadillo Salgado dijo...

Gracias a ti, Drach, por visitarnos.
No me extraña tu sobrecogimiento ante esa frase alusiva a los abetos. Tras un alud como el referido estas coníferas tienen todas las de perder porque difícilmente se regeneran si no es por semilla que tarda mucho en dar árboles de buen porte. Antes, las caducifolias se adueñan del lugar (cuyo óptimo es el abetal) y aunque su competencia es feroz para los abetos también aporta una sombra que protegerá la germinación de las semillas de abeto. Total, que primero se originará un bosquete caducifolio y éste dará paso (si no hay más alteraciones) al abetal.
Son consecuencias de una dinámica tan natural como la de los aludes.
Otro abrazo para ti.