miércoles, 5 de mayo de 2010

DEHESAS…Y DE LAS OTRAS (...y 3)

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Vaca de raza blanca cacereña pastando en dehesa.


CAPÍTULO 3: Reciclado nutritivo
Las raíces de las encinas bombean nutrientes desde capas profundas del suelo cayendo a la superficie de la dehesa en forma de hojarasca. Por tanto, alrededor de cada encina el suelo es más fértil para las plantas y las condiciones ambientales son menos severas. Las hierbas que crecen bajo las copas se convierten en una reserva de forraje que el ganado busca al agostarse los pastizales. A ello se suma el que la sombra estival convoca a las reses para el sesteo lo que supone un aporte extra de excrementos y abono. Así, las especies herbáceas que crecen bajo los árboles difieren de las que habitan los espacios abiertos.

Dehesa de encinas. Extremadura.

Suelos pobres. Pastos ricos
Nuestras dehesas de encina se asientan sobre suelos pobres sometidos a sequía estival. La capa fértil, muy superficial, depende mucho de los nutrientes aportados por las encinas y los excrementos del ganado.

Cerdo ibérico en montanera. Andalucía.

Y sin embargo, el pastizal de una dehesa puede superar el centenar de especies. De especial relevancia son las gramas y tréboles, correspondientes a dos familias trascendentales en la ecología de los pastos: las Gramíneas y las Leguminosas. La segunda familia incluye especies muy aptas para fertilizar la tierra ya que sus raíces alojan bacterias fijadoras de nitrógeno atmosférico. Entre esas plantas destaca el trébol subterráneo (Trifolium subterraneum).

Dehesa de encinas. Extremadura.


Esplendor (efímero) en la hierba
El esplendor de estos pastizales mediterráneos es primaveral y efímero. Los colores varían con el suceder de las floraciones. Las hierbas son consumidas por el ganado mientras multitud de insectos fecundan diversas especies florales reclamados por la abundancia de néctar y polen.

Dehesa de encinas. Extremadura.

Casi todo sucumbe en el largo y seco verano. Buena parte de esas hierbas no vive más de un año. Tras florecer y fructificar dejan semillas dispersas por el suelo hasta que las lluvias otoñales despiertan la germinación.

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17 comentarios:

Aurora Pimentel dijo...

Bueno, vaya serie dehesas... y de las otras;-)... ´Muchas gracias, Javier. Es uno de los paisajes más bonitos, y esa flores (que tú conoces) y que salen a lo bestia, y los cerdos... tan ricos ;-) Un abrazo muy fuerte y gracias por estas 3 entregas.

trotalomas dijo...

Te han quedado genial las entregas, Fco. Javier. La dehesa constituye un paisaje conocido y capaz de sustentar una notable biodiversidad y una economía basada en el equilibrio entre sus componentes. Muy ilustrativas las entradas y que dejan sabor a jam... más, a más. :)

Un saludo.

Ramuol dijo...

El reportaje es magnífico, muy didáctico y muy bien acompañado de unas fotografías perfectamente ilustrativas de lo que es una dehesa!! Aunque sin duda alguna sigue destacando por encima de todo tu capacidad para transmitir, para contar las cosas, y eso es algo no no mucha gente es capaz de hacer...
Saludos Javier

Javier 16 dijo...

No hay nada más que añadir a tu particular y elocuente trilogía. Me has traído de propio, la sensación de paz transmitida por las dehesas. Me has recordado también esa siesta durante la agostada sombra de la encina, muy de agradecer. Por supuesto, como ocurría en el camarote de los Hermanos Marx, al buscar el frescor de la sombra, lo hacía también toda la impertinente fauna: tábanos, moscas, moscardas, chinches etcétera, que por lo visto, compartían la misma idea de refugiarse para mitigar el calor. A la imposibilidad de pegar ojo por las moscas, se unía, cómo no, la gresca de los rabilargos. De todos modos, adoro las dehesas y me quedo con tu evocadora entrada.
Saludos.

Fcº Javier Barbadillo Salgado dijo...

Gracias a ti, Aurora, por pasearte por estas dehesas en flor, tan productivas que nos dan hasta jamón.
Otro abrazo, muy fuerte, para ti.

Trotalomas (y por esta vez Trotadehesas) coincido contigo en que las dehesas siempre dejan un buen sabor de boca...y si es de bellota (el jamón) mejor que mejor.
Otro saludo.

Agradezco tus elogiosas palabras, Ramuol. Las dehesas son inevitablemente inspiradoras y nos prendan con sus encantos, así es mucho más fácil transmitir su atractivo. Es una lástima que no disponga de mejores imágenes en formato digital. Las publicadas en esta miniserie correponden a diapositivas escaneadas (con un escáner de chichinabo).
Saludos para ti.

Muy cierto, Javier, las dehesas llevan paz al espíritu (...y ricas viandas a la panza). Si a ello añadimos la ancestral y reparadora siesta concluiremos en que, posiblemente, el Paraíso fue una dehesa ibérica, con moscas y todo.
Saludos.

Miazuldemar dijo...

Qué curioso, el domingo estaban echando en la tele un documental sobre las dehesas y me acordé de tí. Un paisaje muy importante para España. Muy interesantes tus tres entradas.

Jesús Dorda dijo...

El paisano en el burro de la segunda entrega me ha recordado el momento en que los dos hicimos casi la misma fotografía. ¡Y la blanca cacereña otra sesión similar!
Hacen cosquillas en la memoria.

Esas dehesas y las que tú quieras.

Fcº Javier Barbadillo Salgado dijo...

Gracias, Mamen, por acordarte de un servidor mientras ves dehesas (aunque sean de las otras, de las de la tele). Es un paisaje muy característico, y hasta definitorio, de las geografías hispana y lusitana. Ojalá disfrutemos de nuestras dehesas por mucho tiempo, a pesar de los peligros que les acechan.
Saludos.

Pues sí, Jesús, y no sólo eso: también hicimos juntos las fotos a esas dehesas tan floridas. ¡Maravillosos recuerdos ubicados en escenarios espléndidos! (¿hay mejor manera de forjarse naturalistas y amistades?)
Un abrazo.

Neli dijo...

Un recorrido precioso el que nos regalas con estas tres entradas.
Es muy ilustrativo y me has enseñado muchas cosas, Javier. Sobre todo me he recreado en los paisajes (fotografías) que ya sabes aqui no tenemos de ese tipo.

Buen trabajo.
Un abrazo.
Neli.

Fernando J. Feliu dijo...

Excelentes imágenes primaverales, me recuerdan a la época en que me tocaba viajar a veces por Extremadura, por razones de trabajo hace unos 10 años. La magia que transmiten las dehesas, como un ecosistema en equilibrio con la actividad ganadera es impresionante. Imagino que también habrás visto los sabinares adehesados en algunas zonas de Aragón.

Un saludo.

Bibiano Montes dijo...

Me ha encantado eso de "paisajes amables ..y muy humanos"

Javier, me quedo evocando también esos olivares adehesados que veía por mi tierra cuando pequeño,llenos de vida... como imaginarás muy difícil encontrarlos hoy.
Magnífica y relajante entrada,
un saludo,

Mabel G. dijo...

Hola Fco.Javier, me he deleitado con tus notas y fotografías sobre las hermosas dehesas, algunas, que por suerte pude visitar en mi estadía en España (seis años y medio). Allí conocí las dehesas de Salamanca, la de Extremadura (que sin ofensa para nadie,es mi predilecta) la de Huelva, la de Sevilla y la de Algarve en Portugal. Para mí, son paisajes maravillosos, además de todo lo que ofrecen. He respirado paz y Naturaleza en su estado puro.
Gracias por compartirlo con nosotros.
Un saludo cordial

Fcº Javier Barbadillo Salgado dijo...

Gracias por tu visita y palabras, Neli. Me alegra saber que has disfrutado de estos paisajes tan peninsulares como compartidos.
Otro abrazo.

Hola Fernando, veo (leo) que tuviste la fortuna de disfrutar repetidamente de las dehesas extremeñas (¡casi "ná"!). Personalmente, aunque todos los años atravieso varias veces Aragón, aún no conozco los sabinares adehesados de esa gran tierra, sin embargo me son muy familiares los existentes en Castilla (con Juniperus thurifera).
Gracias, y otro saludo para ti.

Creo, Bibiano, que es lo menos que se puede decir de los paisajes de dehesas (amables...y muy humanos). Casos como el olivar adehesado ponen de manifiesto hasta qué punto pueden ser compatibles la explotación, el disfrute y la conservación de los recursos. Algo así no debería perderse nunca.
Gracias por tu comentario. Otro saludo.

Hola, Mabel. Parece que acá hiciste un doctorado en dehesas...Recorriste algunos de los mejores parajes para conocerlas en todo su esplendor (¡enhorabuena!).
Gracias por volver de nuevo a las dehesas ibéricas. Recibe otro cordial saludo.

Lluís Sogorb dijo...

Magnífica trilogía de unos paisajes que demuestran que si el hombre quiere, puede entenderse con la naturaleza.
Esta próxima semana podré disfrutar en directo de las dehesas extremeñas.
Un abrazo

Fcº Javier Barbadillo Salgado dijo...

Ahí está, Lluís, entenderse con la Naturaleza es cuestión de querer. Seguro que tus lápices y pinceles se entienden a las mil maravillas con esa paleta de colores de las dehesas extremeñas.
Otro abrazo para ti.

El Naturalista dijo...

Nos has ofrecido aquí una buena visión panorámica de las líneas maestras de la ecología en las dehesas. Lo que casi significa en el monte mediterráneo en general, donde la sombra de las encinas es tan importante para tantísimas especies. Todo lo cual se merece un gran saludo naturalista.

Fcº Javier Barbadillo Salgado dijo...

Gracias, Naturalista, por la visita y por compartir la sombra de estas encinas (y otros árboles mediterráneos), a veces expuestos a la mala sombra de algunos.
Otro gran saludo naturalista para ti.